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Turbulencias y contabilidad

Opinión

En el debate sobre las turbulencias financieras se ha registrado una notable coincidencia entre expertos de diversos campos respecto a su origen y los factores que la impulsaron, aunque también se ha podido leer alguna opinión académica culpando a la reforma contable de ser una de las causas de esta crisis. La adopción por parte de los países desarrollados de las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF) ha supuesto incorporar un nuevo marco conceptual basado en un modelo avanzado e idóneo para recoger la nueva realidad económico-empresarial.

La nueva normativa proporciona ciertas dosis de discrecionalidad a los elaboradores de información financiera propone un enfoque de principios, frente a otro de reglas concretas; refleja las operaciones por su fondo económico, dando prioridad a la sustancia frente a la forma; utiliza, en algunos casos, el valor razonable, ya que no tiene sentido hacer depender el valor de las cosas del momento en que fueron adquiridas; registra los activos sólo cuando sean generadores de beneficios futuros. En definitiva, persigue la transparencia y no el conservadurismo y la opacidad.

Principio de prudencia
¿Y dónde está el principio de prudencia?, se preguntan desde alguna cátedra inquisidora. Este principio, que desafortunadamente en España se ha mantenido en el nuevo PGC, aleja a la contabilidad de su objetivo final como instrumento básico para la toma de decisiones empresariales, para dotar de transparencia a los mercados y para evaluar el gobierno de las empresas. Nada tiene que ver la aplicación del valor razonable con que los beneficios aún no realizados se repartan como dividendos, ni tampoco que las empresas valgan más o menos según los criterios contables utilizados. Una cosa es la contabilidad y otra es la valoración de empresas, y parece que algunas mantienen cierta confusión al respecto.

Es cierto que el valor razonable acentúa los resultados contables en épocas de bonanza y los reduce es períodos de crisis, y sobre este debemos trabajar para introducir medidas correctoras, pero esto no significa que sea un criterio que deba abandonarse y así lo han entendido las principales instituciones ínternacionales.La contabilidad no es, ni pretende ser, una ciencia exacta, sino una disciplina dentro de las ciencias sociales, y por lo tanto subjetiva y no neutral. Y es así por la incertidumbre que rodea toda actividad empresarial, que requieren de la elección de políticas y criterios contables, y por tanto de decisiones subjetivas.
Pero no por ello debemos rasgarnos las vestiduras, El mayor protagonismo de quienes elaboran la contabilidad, lejos de representar un mal en si mismo, nos permite recoger con mayor precisión la realidad económico-financiera de cada momento, que además es utilizada por la sociedad con plena libertad para sus transacciones comerciales. Los anglosajones llevan años de adelanto en la materia, en la que se concede un relevante papel a la profesión contable, a su experiencia y a su buen juicio profesional a la hora de decidir los criterios a aplicar, las estimaciones a realizar, las valoraciones procedentes, etc.

Puerta abierta
Hay quienes no son partidarios de estas dosis de libertad, que prefieren encorsetar todo, en perjuicio de la transparencia y de una realidad más precisa. Pero el tiempo de esas ideas ya ha pasado frente a principios más sólidas que entroncan con aquello de que "la puerta mejor cerrada es la que puede dejarse abierta”.

La que resulta sorprendente es que se señalara a la profesión contable ¡como los culpables de la crisis! Siempre existe la tentación de matar al mensajero cuando la noticia es mala... Sin embargo, lo que ocurre es todo lo contrario. Nuestro papel está resultando fundamental en el proceso. Los informes de los auditores, instrumento imprescindible para restaurar la confianza, están siendo un medio de importancia capital para poder pilotar la crisis, y los Estados se están apoyando en la profesión para tratar de desentrañar el "agujero" de activos tóxicos, ayudando a cubrir ciertas lagunas y errores de control cometidos por algunos países.

En definitiva, apuntar a la ciencia contable corno responsable de la situación financiera actual es errar de medio a medio. Como expresó con aguda certeza John. K Galbraith: “Hay dos clases de economistas, los que no sabemos nada, y los que no saben ni eso”.

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Publicado por : Expansión

Autor: Mario Alonso